Voces in Action
Mother's Day-and every day-Reflection on the Healing Power of Love and Hope for our Planet
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Mother's Day-and every day-Reflection on the Healing Power of Love and Hope for our Planet

Mothers Day reflection on the healing power of love and hope for our planet

This post was written by Linda Escalante, @NRDC, Voices for Climate
Follow her on Twitter: @LindaNRDC

I’ve been an environmental and public health advocate for almost two decades and a devotee of Mother Earth and all her wonders from the time when as a young girl I sunk my small toes into the fine white sand and shallow water of El Rodadero Beach in Santa Marta, Colombia.

I was very lucky to have spent most of my childhood swaddled by the Andean mountains emptying into two oceans and nourished by its magical valleys, rivers, and some of the most diverse ecosystems on the planet.

I was not a well-funded traveler, but Colombia is a place where you can take a short bus-ride away from a busy city center to find yourself sipping on a cafecito or jugo de lulo with a distant relative in a sleepy town while swinging on a hammock in their front porch listening to a classic vallenato tunes backed up by a cacophony of forest songs. I never took for granted our Pachamama’s (or Mother Earth’s) rich sources of sustenance and spiritually cleansing beauty. My passion to admire it and protect it ran so deep within me, that I committed myself in mind, soul, and time to help thread a sustainable path were we could enjoy a balanced equilibrium among all species and ecosystems.

That is until 11 years ago when I became a mother. Like every mother’s story, since that remarkable day, a fundamental shift happened within my entire being that changed my perspective in life. My son became my anchor to this world and the prism through which I view its flaws and glory. He became the most mesmerizing and fascinating gift of Mother Nature and my greatest source of joy, laughter, and fun. He became the basis of my past and impetus for my future.

Like he would say in his newfound preteen lingo, things got real. It’s been on his behalf that I’ve been troubled by the accelerated pace with which we are capsizing the equilibrium of life on earth due to our unrelenting pollution, destruction, and poor management of our natural resourcesincluding our air, water, ecosystems, and biodiversity. What I used to see as an abstract distant timeline of catastrophic impacts on human existence, such as poorer health and quality of life outcomes for future generations, is now a thick wall of reality staring me right in the face with my son’s fate etched on its facade.

It’s been also on his behalf, that I have been determined not to stick my head in the sand or throw my hands in the air and leave his fate at the mercy of others. Insteadarmed with the love, hope, and ferocity of a devoted motherI’ve vowed to fight and protest to steward a future where he can be a healthy, productive, and happy individual. I’ve been committed to teach him to respect himself, others, and the natural systems which we all owe our lives to.

So on this Mother’s Day, I call on all moms to join in the fight to reduce our exposure to toxic chemicals inside and outside our homes as well as to reduce the waste of resources, end our dependence on fossil fuels, and protect our wild places and wildlife.

This Mother’s Day I evoke a blessing and plea to our Pachamama to give us the strength and wisdom to heal her and restore her gifts and our natural inheritance, for us and our children.

 

Reflexión del Día de la Madre sobre el sanador poder del amor y la esperanza

Esta nota fue escrita por Linda Escalante, @NRDC, VocesVerdes
Síguela en Twitter: @LindaNRDC

Durante casi dos décadas, me he dedicado a abogar por el medio ambiente y la salud pública. He sido devota de la Madre Tierra y de todas sus maravillas desde el momento en que, siendo una niña, hundí mis pequeños pies en la fina arena blanca y las aguas poco profundas de la playa El Rodadero, en Santa Marta, Colombia.

Tuve la gran suerte de haber pasado la mayor parte de mi niñez rodeada de las montañas andinas que desembocan en dos océanos y se alimentan de sus mágicos valles, ríos y algunos de los más diversos ecosistemas del planeta.

No conté con muchos fondos para viajar, pero Colombia es un lugar donde uno puede tomar un autobús y viajar una corta distancia para salir del centro de una ajetreada ciudad y llegar a un pueblo soñoliento para tomarse un cafecito o jugo de lulo con algún pariente lejano, mientras se mece en una hamaca en el porche escuchando clásicos temas de vallenato y una cacofonía de canciones forestales. Nunca subestimé los ricos recursos de sustento de nuestra Pachamama (o Madre Tierra), ni su belleza que purifica el espíritu. Mi pasión por admirarla y protegerla vivía tan profundamente dentro de mí que me comprometí en mente, alma y tiempo a ayudar a crear un camino sostenible en el cual podríamos disfrutar de un equilibrio balanceado que incluyera a todas las especies y ecosistemas.

Hace 11 años nació mi hijo.  y como la historia de cualquier madre, desde ese extraordinario día, ocurrió un cambio fundamental dentro de mi ser que cambió mi perspectiva de la vida. Mi hijo se convirtió en mi ancla a este mundo y el prisma por el cual veo sus defectos y glorias. Se convirtió en el regalo más cautivante y fascinante de la Madre Tierra, y mi mayor fuente de alegría, risas y diversión. Se convirtió en la base de mi pasado y el estímulo de mi futuro.

Como diría él en su recién descubierta jerga de preadolescentes, las cosas se pusieron serias “got real.” Es por él que me ha preocupado el ritmo acelerado con el cual estamos dejando escapar el equilibrio de la vida en la tierra debido a la constante contaminación y destrucción, y a la mala administración de nuestros recursos naturales   entre ellos nuestro aire, nuestra agua, nuestros ecosistemas y nuestra biodiversidad. Lo que antes veía como sucesos abstractos y distantes que tenían efectos catastróficos en la existencia humana, tales como malas condiciones de salud y calidad de vida para futuras generaciones, es hoy una gran pared de realidad que me mira fijamente a la cara, con el destino de mi hijo grabado en su fachada.

Es también por él que he decidido no meter la cabeza en un hoyo ni lanzar las manos al aire y dejar su destino en manos de los demás. En lugar de hacerlo armada con el amor, la esperanza y la ferocidad de una madre abnegada   he prometido luchar y protestar para crearle un futuro en el cual pueda ser una persona saludable, productiva y feliz. Me he comprometido a enseñarle a respetarse a sí mismo, a los demás y a los sistemas naturales a los que todos les debemos nuestras vidas.

Por esto exhorto a todas las mamás a unirse a la lucha por reducir nuestra exposición a químicos tóxicos dentro y fuera de nuestros hogares, así como también por reducir el desperdicio de recursos, ponerle fin a nuestra dependencia de los combustibles fósiles, y proteger nuestra fauna y tierras salvajes.

Este Día de la Madre evoco una bendición y una plegaria a nuestra Pachamama para que nos dé la fortaleza y la sabiduría para sanarla, y recuperar sus regalos y nuestra herencia natural, por nosotros y por nuestros hijos.

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